PROPUESTA 2
Rogelio Cortés Ciero
Aquellas balas sueltas
Todavía recuerdo aquel golpeteo continuo de las letras de aquella máquina de escribir.
-¿Y dice usted que no vio nada, señor Cortés? ¿Me dice usted que a primera hora de la noche, en
la oscuridad de aquel pasillo, escuchas el ruido del enorme cristal al caer, y no vio nada?
-Nada, mi sargento.
Mis dedos temblaban y no podía pararlo, mientras entrelazaba las manos para evitar mayor
tembleque. Nunca me ví en ese escenario, con tres hombres mirándome a la cara, y con tantas
estrellas en el hombro juntas.
Éramos seis soldados de reemplazo, 4 imaginarias y los cuarteleros, hace de ésto casi 30 años,
que olvidado en mi cabeza ha despertado de nuevo y es la primera vez que lo voy a a describir
en papel, para dejarlo fuera de mi recuerdo.
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Sentado en una banca en el Juzgado Civil de Sevilla situado en el Prado y bajo el puente de los
Bomberos, como un reo, con la blanca en el bolsillo por un servicio militar excelente, estaba
involucrado en un juicio que podía manchar aquel papel impoluto de mi licencia a última hora.
Yo sabía que todo aquello que había pasado dos meses antes de mis salida definitiva del
cuartel, en aquella camareta de la plana, tenía que dar la luz y esclarecer lo ocurrido, pero sin
pensar que me señalaran con el dedo como posible cómplice de algo que no vi.
Todo el arsenal robado en aquel armero, municiones, chaquetas antibalas, tres cuartos,
granadas...aparecieron en bolsas, en los contenedores de basura situados en los exteriores del
cuartel, a la espera que una mano civil los recogiera antes que el camión de la basura. Todo
estaba preparado desde el día anterior, donde despegando la goma del sellante que sujetaba el
cristal de la armería y con mucho cuidado, se colaron en ella, mientras hacían la limpieza
diaria de aquella camareta.
Yo, como cualquier otro día, estaba en el ensayo de aquella banda militar mientras todo
sucedía encima de mi cabeza, quedando guardado en un principio en sus propias taquillas, para
después sacarlas y a última hora de la tarde.
Pero....unas balas sueltas que quedaron lo delataron.
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11 de la noche, primera imaginaria. El sargento cuartel salió varias veces al pasillo para dar un
toque de atención al ruido, que interrumpió mi momento crucigramas de esas dos horas donde
debía de estar sentado en medio de aquella dos alas y frente a la escalera.
Me llamó la atención y tuve que callar a nadie, sólo podía bajarle la voz, mientras daba vueltas
a oscuras.
Volví a sentarme mientras pensaba en aquella palabra de siete letras.....cuando el ruido de
aquel cristal acabó con la noche.
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