lunes, 29 de enero de 2024

 PROPUESTA SEMANA 1

 Trabajos caseros – Primera vez

Jesús Ruiz

 

 

Desde pequeño, me gustaron los arreglos de bricolaje, sobre todo los de electricidad y fontanería.  En casa siempre recurrían a mí para ellos, los llevaba a cabo con resultado satisfactorio, tanto, que mi fama trascendió el ámbito doméstico.

Una tarde, llamó una vecina a la puerta, pidió permiso a mi madre para que acudiera a arreglarle un grifo que goteaba, y que su marido no podía hacerlo al estar de viaje con su camión por Europa.

Entré con mi maletín de herramientas y me ofreció tomar algo. Le acepté un café. Mientras lo preparaba, me dirigí al cuarto de baño, donde aprecié que la avería era tan solo una tuerca en el desagüe del lavabo, que se había aflojado y goteaba. Con la llave inglesa la apreté hasta que dejó de echar agua.

Cuando volví al salón, tenía preparada una bandeja con un café y un donut. Me senté en el sofá, y me dispuse a tomarlo. Ella entró al baño. Mientras tanto, hojeé unas revistas alemanas que tenía en la mesita, me sorprendí al ver un alto contenido erótico. No pude resistirme, con quince años no tenía mucha ocasión de verlas, eran otros tiempos. Miraba de reojo por si venía mi vecina.

Salió del baño envuelta en un albornoz blanco, sonriendo al pillarme in fraganti.

—¿Te gustan las revistas?

—¿Eh?  —fue lo único que acerté a decir.

—No hace falta que las mires, me tienes a mí —dijo mientras dejaba caer el albornoz.

Mostró toda su anatomía, resaltando el vello donde la naturaleza lo había colocado. Me puse nervioso, nunca había visto a una mujer desnuda, además mayor, diez años más que yo, que solo tenía quince.

—No te pongas nervioso —dijo mirándome a los ojos—, no voy a hacer nada que tú no quieras.

—No estoy nervioso —le dije.

—Hoy vas a hacer algo que te va a gustar —susurró.

Puso su mano sobre mi pantalón, donde mi cuerpo comenzaba a reaccionar, masajeando, hasta que aflojó el cinturón y pudo acceder sin obstáculos. Me llevó de la mano a la cama, me desnudó besando mi cuerpo, y me impartió una lección magistral. Para mí, todo aquello era nuevo, había soñado algo así mucho tiempo, pero lo imaginaba de otra forma, no esperaba tenerlo tan fácil. Se prolongó nuestro contacto durante dos horas, teníamos mucho amor que dar, y ella lo añoraba demasiadas semanas al año.

Decidí volver a casa, por si mi madre consideraba mi tardanza, pudiera intranquilizarse y llamar a la puerta. Me aseé, lavándome bien la cara.

Mi trabajo le gustó, y volvió a llamarme en más ocasiones, a lo largo de dos años, para desatascarle una cañería, para quitarle unas telarañas, para montarle un enchufe, para mil cosas que su marido no podía hacer al estar ausente, ya que solo pasaba una semana al mes con ella.

Nuestros encuentros finalizaron un día que estaba regando su maceta favorita, llamaron al teléfono para comunicarle que su marido había tenido un accidente en Bélgica, y tuvo que desplazarse a ese país. Tras la repatriación, debió permanecer seis meses entre el hospital y su casa. En ese tiempo comencé a salir con una chica, y dejé de hacer chapuzas a domicilio, aunque aprendí mucho sobre los trabajos caseros para el resto de mi vida.

 PROPUESTA SEMANA 1

La suerte está echada

 Juan Francisco Reyes

Recuerdo que ya desde muy pequeño me sentía alguien especial. Fui el primero de mi curso, yo diría que de mi pueblo,  que se puso gomina en el pelo y transformé la raya al lado en un flequillo levemente volcado a la izquierda que disimulaba mal que bien mi defectuosa oreja. Cleo y Marco, mis dos mejores amigos, ya sabían de mis intenciones, así que al menos ellos no clavaron sus miradas socarronas sobre mí, cosa que sí hicieron en el colegio y en la calle. Ambos me animaban a que me mostrara como yo quisiera, no a que fuera a  clase con la toga púrpura con la que gustaba pasear por casa, pero sí a que me mostrara tal y como me diera la gana. Sobre todo Marco, que siempre ha estado muy encima mía. Los tres nos hicimos amigos al entrar en la miga, como se decía antes y estuvimos juntos hasta que terminamos el instituto. Entre nosotros se fue forjando algo, yo no hablaría solo de amistad ya que existían otros intereses. Llegado el momento, me sentí casi en la obligación de mirar a Cleo de una forma distinta. Cierto es que estaba dotada de una belleza extraordinaria. Ella estaba en boca de todos, y no solo en la boca estoy seguro. Nuestros amigos habían tenido ya alguna relación, algún acercamiento sexual, habían rozado al menos una teta o palpado siquiera una verga flácida. Nosotros no, ninguno  había tenido un acercamiento amoroso, ni carnal. Así fue como Cleo y yo empezamos a mirarnos de otra forma. Uno por convicción y el otro por obligación. Fui el elegido. Marco me advertía. No te metas en esas cosas que no te conviene. Pero cómo que no me conviene, si creo que me gusta. No te gusta, lo haces por el qué dirán, hazme caso, no te metas por ahí, busca otro portal que pueda darte acceso a esa bacanal erótica que necesita tu cuerpo. Marco,¿estás bien? Un sábado por la noche salimos los tres al teatro, tendríamos trece o catorce años, al terminar la sesión Cleo dijo que tenía sueño, qué casualidad y que se iba a casa. Marco insistió en que nos quedáramos los dos a tomar algo,  que tenía ganas de estsr conmigo,pero yo, claro está, también tenía sueño. Cuando llegué a la esquina de mi calle, esperé a que Marco se alejara para correr y buscar a Cleo, que me esperaba en su portal envuelta en un fular que parecía una alfombra. Nos escondimos detrás de unos árboles , donde terminaba un parque que había a las afueras del pueblo y comenzamos a mirarnos y a buscarnos con las manos. Yo palpaba, ella buscaba, yo descubría y ella no encontraba. No te metas por ahí , me decía la voz de Marco. Era la primera vez que tocaba a una chica. Aquella noche no pasó nada o casi nada. Sin embargo los dos  nos quedamos con ganas de seguir adelante, de dar un paso más, de seguir descubriéndonos,  teníamos ganas de explorar y colonizar el cuerpo del otro, queríamos follar. Ella no se lo contó a nadie, pero yo se lo conté a Marco, y éste no se lo tomó bien, estaba como decepcionado conmigo. Te dije que no te lanzaras, ella no te conviene. Pero por qué Marco, porque solo te quiere para lo que te quiere. Pero cómo puedes hablar así de ella, es tu amiga. Tu también eres mi amigo. La cosa fue que Cleo y yo lo volvimos a intentar, pero esta vez llegamos hasta el final y la cosa salió bien, bueno salió. Fue en verano, una tarde que nos quedamos solos en casa. Mis padres habían salido. Ella se lanzó inmediatamente hacia  mí con unas ganas tremendas, me desnudó en un momento mientras que yo no hacía más que acordarme de Marco, por ahí no, no te metas en eso. Su voz  no me dejaba, su cara se me aparecía. Cleo seguía a lo suyo y yo a lo mio. La cosa fue que entre los dos o más bien entre los tres conseguimos sacar aquello adelante. Ella, me dio la sensación que encontró lo que buscaba y yo también.

Ese día supuso un antes y después en nuestra relación. Me olvidé de Cleo y

comencé a mirar a Marco de otro modo, desde delante y desde detrás, por tener otra perspectiva claro, comencé a escucharlo, hacerle caso, a seguir sus consejos, y a no meterme sino por dónde él quería. Así llevamos más de treinta años, entre risas y sábanas.

Esta noche viene Cleo a casa, hace más de veinte años que no la vemos. Marco ha insistido en invitarla a nuestra cama. Quizás consigamos cerrar el circulo de las habladurías y pasar a la posteridad como una verdadera historia de amor.

PROPUESTA 5  Incorregible  Jesús Ruiz Aún no sé por qué escribo esto, quizás sea por el vicio que tengo de la escritura, que pronto acabará....