miércoles, 21 de febrero de 2024

 PROPUESTA 3


UN CAFÉ SOLO

 Juan Francisco Reyes   

 

 

Abrió la puerta de un solo golpe y entro sin vacilar, mirando a un lado y a otro, escaneando cada rincón del local. Caminaba despacio, altanero, con la cabeza erguida y sonriente. Impoluto en el vestir, ni una arruga, agradable a la vista y con un marcado gesto viril. Al acercarse el taconeo de sus zapatos resonaban en el ambiente. Su pelo engominado y brillante algo ensortijado le daban un aire distinguido. Lo reconocí al instante, me temblaron las manos. Él no me conocía. Llegó a la barra, apartó uno de los taburetes y me hizo un gesto con la mano para que acudiera a donde se encontraba.

- Un café solo chavalote- pidió sin saludar-  y una copa de coñac. Y por su aliento pude saber que no era la primera de la mañana.

- Buenos días, en seguida se lo pongo.

- Poca gente a esta hora ¿no?- lanzó la pregunta al aire, sin esperar respuesta. Estarán todos en la manifestación – concluyó.

Mientras mis manos preparaban el café, mi cabeza pensaba en Fernando, en cómo estaría, en las secuelas que sufriría, me importaban las físicas pero mucho más las psíquicas, en cómo afrontaría el día a día después de lo ocurrido hacía apenas cuarenta y ocho horas, en como estaría …

- ¿Tarda mucho ese café? - interrumpió mis pensamientos.

- En seguida estoy.

- Que digo que estará hoy la gente en la manifestación esa ¿no?

- No lo sé, supongo.

La manifestación esa había surgido espontanea, en defensa de unos derechos, de un colectivo, que aunque las cosas parecían cambiar, siempre iba por detrás. Dos días antes,  una pareja tomaba unas cañas en una terraza, con ellos estaba Fernando, mi Fernando. Los tres habían salido a celebrar que los primeros llevaban dos años de noviazgo, yo me uniría en cuanto saliera de trabajar. La pareja fue increpada por el simple hecho de besarse, de quererse, de mostrar su amor en público. Hay cosas que ciertos animales no pueden comprender. Maricones, aquí no queremos maricones, estáis llenando España de basura, comenzaron a gritarles. Y sin darles tiempo a defenderse, uno se levantó y le asestó varios puñetazos a Fernando, que los instaba a marcharse para no buscarse problemas. Uno de los golpes le rompió la mandíbula y cayó al suelo. Yo llegué cuando los cuatro desalmados corrían, huyendo de forma medrosa y ruin. Pero pude verle la cara a uno de ellos. Y ahora lo tenía enfrente, acabándose un café y dispuesto a tomarse otra copa. ¿Qué hago? Pensé. Sería muy fácil ponerle algo en la bebida, algo que le sirva al menos para que se llevara un tiempo en el hospital o cargármelo aquí mismo, con uno de éstos cuchillos le puedo asestar un corte en su sucia garganta. Pero ¿qué ganaría yo? No puedo ponerme a su altura, no soy así. Casi nadie lamentaría su pérdida, pero su madre no se lo merece. Pero habrá que pararlo, denunciarlo no sirve de nada, su palabra contra la mía. Mañana estaría otra vez ensuciando la calle. Maldito sea. Tenía ganas de matarlo, pero me han educado de otra manera. No puedo quedarme sin hacer nada, no me lo perdonaría. Pienso en Fernando, en qué haría él si estuviera aquí, en mis amigos que tuvieron que tragarse aquella humillación. Sería tan fácil y tan rápido. Aquí solo estamos él y yo. Mi rabia y mi desprecio jugarán de mi lado. No tiene porque enterarse nadie. Temblaba mientras secaba los vasos. Él parecía normal, sin remordimientos, o quizás si. Ojeaba un periódico y miraba la tele sonriendo, evidentemente cualquier gesto suyo lo interpretaba como un desafío. Debía tranquilizarme.

- Cóbrate y quédate con el cambio chaval - dijo tirándo un billete de cinco euros a la barra.

Apuró su copa y me saludó levantando levemente la barbilla.

- Nos vemos – me dijo- Me habían dicho que eras tan cobarde como tu novio, pero quería comprobarlo.

Y salió por la puerta sin mirar atrás.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

PROPUESTA 5  Incorregible  Jesús Ruiz Aún no sé por qué escribo esto, quizás sea por el vicio que tengo de la escritura, que pronto acabará....