PROPUESTA 2
ESCALÓN DESGASTADO
Hoy es el entierro y estoy sentada, acobardada, en un escalón desgastado que rodea parte del perímetro
de la iglesia, es el mismo donde nos
sentábamos cuando éramos adolescentes. Hace frío. No he querido entrar a pesar
de las insistencias, prefiero esperar a que termine la misa de difuntos. Me agobian
las iglesias llenas de gentes, vacías son más interesantes. No soporto los
discursos de los curas, ¿Cómo negar la
muerte? ¿Cómo alejar el sentimiento del
dolor por la muerte de un ser querido?, mejor me vendría aceptar la perdida, sería lo más inteligente, o podría
beber hasta quedar ebria, pero se me olvida que no bebo alcohol.
El coche fúnebre, frente a mí, está inmaculado, me
llama mucho la atención como brilla y las coronas tan vistosas, parecen
arcoíris.
La mayoría de los hombres, están fuera, como yo. Fuman
y con sus mejores galas, buscan los últimos resquicios de sol de la tarde en la
plaza del pueblo. Algunos me miran con extrañeza, preguntándose quizás, que
hago sentada aquí, pero no quiero distracciones del qué dirán, tan solo quiero
recordar tu cara, la he olvidado y quisiera entrar, abrir el ataúd pero sería
un acto de locura, inapropiado, estoy confundida, por un lado me alejo de todo
recuerdo por el dolor y por otro no me importa hacer una insensatez.
Sin embargo, mi
memoria acierta ferozmente, al recordar
palabra a palabra, cuando me anunciaste tú muerte a escondida de los demás.
Tuviste mucho valor y yo muy poca recepción. Haz hecho todo un récor de estar
viva a no estar nunca más. Un tumor inoperable galopante. Catorce días. Sesenta
y cuatro años ¿Cómo lidiar con tu ausencia?, te lo reprocho infinitamente. El cielo no existe, ni el limbo, ni el
infierno, todo esto sucede aquí en la
tierra. Deberías estar salvando vidas como siempre, con esa bata
blanca tan horrorosa, a la que tanto te aferraste e identificaba, con el
bolsillo lleno de bolígrafos y el fonendoscopio para escuchar los sonidos que
generan los cuerpos de los pacientes, que a ti, en muchas ocasione, ni te hacía
falta nada más ver sus caras. Ayudaste a salvar vidas y a ti no te salvo nadie.
Me falto el último abrazo, no quise hacerlo cuando me diste
la noticia, me falto la ultima discusión, no quise me dejaste muda,
Quisiera pedirte perdón amiga, darte ese abrazo y
charlar durante horas, nuestra camaradería era única y vuelve la sinrazón y te
busco en llamadas reciente y ahí estas, no te has ido y sin embargo, no me
atiendes.
Me levanto y dejo este escalón desgastado, decido no
acompañarte en el último paseo hasta el cementerio, no quiero una despedida, no
quiero dar el pésame. Me dirijo hacia la
calle Vera Cruz, pasar por tu casa me consolará más que nada, la vida sigue, de
eso estoy segura.
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