PROPUESTA 3
Suspiros de España
Rogelio Cortés Ciero
¡¡ Deje de mover esos papeles !!-dijo el inspector al agente López- Son simplemente notas. Blancas y redondas...y podían ser una pista. Además...-mientras le daba unos golpecitos en el hombro-...Usted nunca me dijo que sabía de música.
Las partituras estaban esparcidas por el suelo alrededor del piano, que dibujaba el centro de aquel salón, donde cada tarde-noche la música dejaba otro color en aquella casa. Era un burdel donde las mujeres ligeras de ropa, y a la última moda, deambulaban acercando su cuerpo semidesnudo para aquellos hombres con una escondida identidad, que cada día visitaban sin saber que estuvieron en aquel prostíbulo. Una casa privada, en el que los clientes esperan y se relajan, mientras fuman, beben e incluso picotean en distintas mesas bajas que adornar aquel salón. Con un conjunto de habitaciones donde las prostitutas mantienen relaciones sexuales regentado por una madame, Martina, la encargada de mostrar a las chicas en ropas diminutas, y quien decide quien será la elegida para proporcionar aquellos servicios.
A excepción de Rosalía, una de las chicas más sensuales, aquella que cantaba y tocaba el piano todas las noches. La más cotizada, la más exquisita de todas, que con una naturalidad innata y su belleza sin retoques, sus curvas eran perfectas de fácil medidas para un sastre sin tijeras, que facilitaba la difícil tarea de vender su cuerpo a cualquiera porque ella misma escogía a su hombre. La misma chica que aparece degollada, atada de pies y manos a los extremos de su cama, desnuda sobre su propio charco de sangre, donde en uno de sus pechos dibujaba a punta de navaja la clave de Sol.
Eran las diez de la mañana de un domingo cualquiera, del mes de Junio de 1943. Aquella noche, después de tocar el piano, después de repetir una y otra vez el mismo tema "Suspiros de España", tema estrella de este año, abrumados por la situación bélica que se vivía en Europa y sin haber superado las heridas de la reciente guerra civil en nuestro país, un cliente no muy asiduo a la casa no dejaba de mirarla, mientras ella repetía aquel comienzo imitando a la gran Estrellita Castro...."Quiso Dios, con su poder, fundir cuatro rayitos de sol... y hacer con ellos una mujer"...
Ella sabía que la miraba y que vendría en su búsqueda, que después del segundo sorbo de aquel Chinchón acercándose al piano como si cantar quisiera a dueto y cada vez más cerca de su cara, dejando unos billetes bajo aquella trama de partituras le dijo:
-Esta noche quien sabe de música soy yo, y quiero oler a tí.
Pero ya tenía escogido su cliente. Aquel hombre que permanecía en pie cada noche, quién detrás de aquella escena y sin perder detalle de aquel movimiento de tablero, también la miraba, mientras otra de las chicas entre manoseo y caricias, le insistía a subir. Desconsolada Martina, aquella mañana, no daba crédito a todo lo ocurrido, sabiendo que la noche anterior Rosalía estuvo hasta pasada la una y media en aquel piano y después de recibir a uno de sus mejores clientes. Cuenta al inspector que la jornada había sido concurrida, donde varias veces tuvo que bajar a la bodega por Chinchón, Ron Bacardy y orujo de hierbas "el Afilador", y que en una de sus ausencias observó como ya Rosalía no estaba en el salón, pensando que otro cliente estaba prestando de sus servicios. Pero esta mañana la puerta de la casa estaba totalmente abierta y las partituras tiradas por el suelo, y entre ellas, aquellos billetes que alguien dejó.
Los celos pudieron con su vida.
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