viernes, 9 de febrero de 2024

 PROPUESTA 1

Donde habita el pueblo elegido 

Loren Montero 


Aquella mañana me desperté alterado. Aún no podía abrir los ojos, pero el instinto me incitó a picotear la bóveda del cascarón hasta romperla en mil pedazos. Nada más salir de aquella estructura ovalada y calcárea, pude sentir la calidez del vientre materno y el cariño que me profesaban mis hermanos de puesta. Mi padre, que me esperaba con una lombriz en el pico, dijo satisfecho: 

—Este es tu nido, construido con la corona de espinas de un crucificado. 

Como al día siguiente abrí los ojos, pasé un buen rato contemplando la belleza del cielo azul y el verdor de los árboles. Papá me enseñó a contar, esa fue mi primera lección. A medida que señalaba, uno por uno, a mis siete hermanos, me saludaban con el ala y recibían su porción de lombriz. Entonces agachaban el cuello y cerraban el pico para que comiera otro. También conté tres vecinos asomados al borde del nido: una paloma, una ardilla y un lechuzo. Los tres primeros días fueron felices. Al cuarto, en cuanto desperté, noté cierta inquietud, así que conté a mis hermanos; faltaba el mayor, y su lugar lo ocupaba un bulto gris, pellejudo y con cara de engreído que piaba sin tregua alargando el cuello por encima de nosotros. Mamá le metió una enorme lombriz en el pico, pero enseguida lo volvió a abrir reclamando más comida. El lechuzo dijo sonriendo: 

—El nuevo ya se está despabilando. Se ve que necesita su espacio. 

—Solo tiene siete plumas —añadió la ardilla—, pero parece que tiene seis picos. 

—Todos caben si se llevan bien y se ayudan entre ellos —contestó la paloma sin que se le cayera la ramita de olivo. 

Nosotros aceptamos aquella respuesta y alargamos el cuello con el pico abierto, pero al día siguiente, nada más despertarme, conté de nuevo a mis asustados hermanos. Faltaba otro. Mamá le negó el alimento toda la mañana, pero el bulto, vivaracho, se las ingeniaba para robarnos las lombrices. Para colmo, el lechuzo le trajo por la tarde un topo. Cada vez estaba más grueso y tenía más plumas. La noche de anteayer dormí mal. De madrugada me desvelé y asomé la cabeza fuera del vientre materno. Entonces lo vi, vi cómo aquel pajarraco, tras clavarle una espina al tercero de mis hermanos, lo tiraba por la borda del nido. Qué podía hacer yo, seguía siendo el más débil. El mundo ahora me parecía extraño e incierto. 

—Cada vez hay menos polluelos —dijo la ardilla por la mañana. 

—Es ley de vida —sentenció el lechuzo—. El mundo es así y hay que aceptarlo. 

—Si son menos, se alimentan mejor y crecen más fuertes y sanos —añadió la paloma. 

Esa tarde se formó una trapatiesta. Cuando nuestros padres volaron en busca de comida, dos de mis hermanos, los más fortachones, le picotearon al pajarraco la cabeza. Papá lo expulsó del nido tras pedir explicaciones, pero no le hizo caso y empezó a lloriquear. Mamá se apiadó y le trajo una musaraña. La ardilla dijo entonces:

 —Está claro lo que está pasando, debemos actuar. 

El lechuzo exclamó con un gesto amenazador: 

—¡Y qué quieres que hagamos! Es un comportamiento natural de su especie. 

—Tengamos la fiesta en paz —concluyó la paloma. 

Ayer conté otra vez a mis hermanos. Faltaban los dos fortachones. Papá, enojado, quiso clavarle una espina al pajarraco, pero el lechuzo se la arrebató. Después bajó hasta el suelo y le trajo un ratón de gran tamaño. La ardilla, bastante desanimada, dijo: 

—Otros dos polluelos menos. 

—Ya se está pasando —añadió la paloma. 

—De eso nada. Tiene derecho a defenderse —justificó el lechuzo. 

Y se hizo el silencio. Esta mañana me desperté sobresaltado. Solo queda frente a mí ese pajarraco excitado y egoísta que me mira con desprecio mientras se come la enorme lombriz que le ha traído mi padre. ¡Con qué tristeza he aprendido mi segunda lección! Aún soy volantón, pero, si quiero salvar mi vida y organizar la resistencia, tendré que tirarme del nido. Ahora pertenece al pueblo elegido. Solo llevo una semana con los ojos abiertos, pero el mundo ya no me parece tan bello; el cielo esta gris, y un fuerte viento agita las hojas de los árboles. 


*Más referencias a Palestina 

Papá Los árabes 

Mamá ONU 

Ardilla Izquierda 

Lechuzo EEUU 

La paloma Paz 

Lo políticamente correcto, la Iglesia

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