PROPUESTA SEMANA 2
Cuatro palabras
Marta Sánchez Mora
- ¿Cómo está tu hija, preciosa? - Maricarmen, en ese momento, y con esas
cuatro palabras emitidas por una voz socarrona y mirada agresiva, le provocaron
heridas como puñales. Antonio Cosme, con un permiso penitenciario de tres días,
había considerado que sería una preciosa idea pararse un momentito con el coche
y saludar a la mujer que parió a esa niña de 13 años que violó aquella noche
del 98 en Benejúzar, Alicante.
Petrificada en la marquesina de la parada del autobús, movió levemente las
manos para abrir el monedero y sacar una foto de Verónica, una niña, su niña;
una foto de cuando era muy pequeñita, de cuando aún era capaz de sonreír, de
cuando el mundo era maravilloso y no le desgarraba el alma. En ese momento
recordó que Cosme juró que cuando saliera de la carcél iría a por Virginia y
que la mataría. Mirando fijamente la fotografía, le dio un beso, se persignó,
guardó la imagen con sumo cuidado y elevó su cuerpo inerte con decisión hasta
la gasolinera de la esquina. Una vez comprados todos los materiales necesarios
para la tarea que su mente le había encomendado, se dirigió a la Avenida Rey
Juan Carlos I, al bar Mari, para responder a cuatro palabras.
La puerta del bar rechinó al abrir y todos se giraron. Cosme, miró
fijamente a Maricarmen y se fijó en que ella iba abriendo con rapidez el tapón
de una botella. Mientras él soltaba improperios y la clientela y el dueño del
bar más se alteraban, ella le iba rociando de gasolina todo el cuerpo con
tranquilidad y precisión. El silencio se hizo cuando encendió la cerilla.
- Mi hija bien, gracias. - dijo Maricarmen, justo antes de lanzar la
cerilla encendida en el cuerpo embadurnado de gasolina de Cosme.
- De esta no te vas a olvidar- pensaba, mientras el dueño corría a por
el extintor, cosa que ayudó bastante a facilitar la muerte del sujeto, dado que
sus heridas se infectaron a causa del líquido matafuegos y falleció a los pocos
días.
Maricarmen, con una paz irreconocible, salió del bar, se marchó
caminando lentamente y con determinación hasta la comisaría más cercana y
cuando le preguntaron qué sucedía, respondió:
- Acabo de matar al violador de mi hija.
Y aquel día, pese a cambiar de
vida y de bando, María del Carmen, pudo ser libre. Entre rejas.
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