viernes, 2 de febrero de 2024

 PROPUESTA SEMANA 2

Cuatro palabras

Marta Sánchez Mora

- ¿Cómo está tu hija, preciosa? - Maricarmen, en ese momento, y con esas cuatro palabras emitidas por una voz socarrona y mirada agresiva, le provocaron heridas como puñales. Antonio Cosme, con un permiso penitenciario de tres días, había considerado que sería una preciosa idea pararse un momentito con el coche y saludar a la mujer que parió a esa niña de 13 años que violó aquella noche del 98 en Benejúzar, Alicante.

Petrificada en la marquesina de la parada del autobús, movió levemente las manos para abrir el monedero y sacar una foto de Verónica, una niña, su niña; una foto de cuando era muy pequeñita, de cuando aún era capaz de sonreír, de cuando el mundo era maravilloso y no le desgarraba el alma. En ese momento recordó que Cosme juró que cuando saliera de la carcél iría a por Virginia y que la mataría. Mirando fijamente la fotografía, le dio un beso, se persignó, guardó la imagen con sumo cuidado y elevó su cuerpo inerte con decisión hasta la gasolinera de la esquina. Una vez comprados todos los materiales necesarios para la tarea que su mente le había encomendado, se dirigió a la Avenida Rey Juan Carlos I, al bar Mari, para responder a cuatro palabras.

La puerta del bar rechinó al abrir y todos se giraron. Cosme, miró fijamente a Maricarmen y se fijó en que ella iba abriendo con rapidez el tapón de una botella. Mientras él soltaba improperios y la clientela y el dueño del bar más se alteraban, ella le iba rociando de gasolina todo el cuerpo con tranquilidad y precisión. El silencio se hizo cuando encendió la cerilla.

- Mi hija bien, gracias. - dijo Maricarmen, justo antes de lanzar la cerilla encendida en el cuerpo embadurnado de gasolina de Cosme.

- De esta no te vas a olvidar- pensaba, mientras el dueño corría a por el extintor, cosa que ayudó bastante a facilitar la muerte del sujeto, dado que sus heridas se infectaron a causa del líquido matafuegos y falleció a los pocos días.

Maricarmen, con una paz irreconocible, salió del bar, se marchó caminando lentamente y con determinación hasta la comisaría más cercana y cuando le preguntaron qué sucedía, respondió:

- Acabo de matar al violador de mi hija.

 Y aquel día, pese a cambiar de vida y de bando, María del Carmen, pudo ser libre. Entre rejas.

 


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