miércoles, 21 de febrero de 2024

 PROPUESTA 3


Luana 

Jesús Ruiz

 

Fue en abril de 1981, cuando acudí una tarde a visitar a un cliente a petición suya. Vivía en el barrio de Los Remedios, en un piso de lujo. Era un conocido futbolista que jugaba en primera división.

Abrió la puerta de la vivienda su esposa, una chica brasileña, vestía camiseta ajustada que resaltaba su pecho, y una falda corta que mostraba sus largas piernas. Con agradable sonrisa y acento meloso, me hizo pasar al salón, donde esperaba su marido.

Tras saludarlos, me senté en el sofá, situado frente a los sillones que ocupaba el matrimonio. Desplegué el contenido de mi maletín en la mesa pequeña que nos separaba, y el futbolista me ofreció una copa, que acepté.

—Luana, pásale una, por favor —dijo.

Ella estiró el brazo hacia el mueble que tenía próximo, girando el cuerpo y despegando las rodillas, ofreciendo una imagen que poco tiempo después hizo famosa Sharon Stone.

Me acercó la copa, y su marido me sirvió pisco, bebida peruana de moda entonces.

No habían transcurrido cinco minutos de nuestra conversación cuando él se levantó, y se dirigió hacia una estancia, que, por los ruidos producidos, deduje era el baño. Luana me miró y me sonrió.

—¿Me ayudas en la cocina a preparar algo? —me dijo con sensual tono.

—Por supuesto —le respondí.

Fuimos allá, se situó frente a la encimera, de espaldas a mí, volvió su cabeza, me miró, y se levantó algo la falda con su dedo índice, mostrando sus nalgas morenas, que acaricié con ambas manos, notando su tacto de melocotón, mientras besaba su cuello. Un ruido en el salón hizo que dejáramos nuestro juego y fingiéramos preparar algo. Apareció el marido.

—Luana, ¿vas a hacer trabajar a nuestro invitado?

—Le he pedido que me ayudara a preparar algo para no dejarlo solo. ¿Qué te ha pasado?

—Nada importante.

Nos sentamos de nuevo. Luana jugaba con sus rodillas, mostrándome su anatomía íntima con picardía cuando su marido hojeaba algún documento.

El hombre se levantó de nuevo y se dirigió al baño. Me volvió a pedir su esposa que la acompañara a la cocina, donde comenzó a acariciarme con deseo, correspondiendo yo de la misma forma. Bajó mi cremallera y metió su mano mientras nos besábamos. Entonces se escuchó la cisterna. Volvimos al salón y nos sentamos antes de que apareciera el marido. Bebimos para que no se notara el roce de nuestras bocas.

Retomamos nuestra conversación, y ella se levantó para acercarse a la cocina. Pasó tras el sillón de él, me lanzó un beso en silencio y se levantó la falda mientras sonreía. Llevaba en la mano un bote de Evacuol. Al momento regresó con unos canapés.

El hombre volvió a sentirse mal y me pidió disculpas por tener que interrumpir la reunión. Quedé en volver el viernes y traer la documentación de aquello que más le había interesado.

—No, el viernes no puedo, viajo por la mañana a San Sebastián con el equipo —dijo.

—No, que venga, yo voy a estar aquí, y ya te comento cuando regreses —dijo la mujer.

—Perfecto, mejor —ratificó él.

—Pues entonces, vuelvo el viernes.

Me acompañó Luana hasta la puerta.

—Te espero el viernes, ven preparado y sin prisas —dijo en voz baja.

Salí mientras escuchaba a su marido entrar al baño.

 

 

 


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PROPUESTA 5  Incorregible  Jesús Ruiz Aún no sé por qué escribo esto, quizás sea por el vicio que tengo de la escritura, que pronto acabará....