PROPUESTA 4 EL RELATO FRAGMENTARIO
EL
BANCO
- Francisco, hijo ¿Sabes por qué me siento
siempre en este banco?
-
No sé papá.
-
De los veintidós bancos que hay en la plaza este es el más fresquito, le entra
el aire de esa calle – apuntó con la mano - y además por el día, el sol que da
no es muy fuerte.
-
Ajá – dije con desgana.
-
Y lo más importante – sentenció - es el lugar donde me declaré a tu madre.
-
Ya me lo has contado muchas veces papá.
-
Aquí le di el primer beso – me dijo mi padre orgulloso y sin hacer caso a mi
desgana - Qué guapa estaba hijo. Veníamos todas las tardes, a tomar el fresco y
a charlar, paseábamos por la calle ancha hasta llegar aquí y nos sentábamos en
este banco. No nos hacía falta mucho más. Te pareces mucha a ella.
-
Lo sé.
-
A mamá le gustaba esta plaza porque siempre está llena de gente y es muy
alegre, como era ella. Aquí veíamos a los amigos, nos tomábamos un refresco o
lo que sea y después cada uno para su casa.
-
Ya papá...oye una pregunta, ¿Por qué no me has dejado hoy entrar en la iglesia
para lo de la abuela?
-
Porque eres muy pequeño. En la iglesia solo hay gente llorando.
-
Ya soy mayor, casi tengo trece años. Ya sé lo que es morirse. Al hermano sí que
lo has dejado entrar.
-
Francisco, no te pongas cabezón. El hermano tiene quince años y además ¿Para qué
quieres entrar? ¿No estamos aquí bien? Estamos hablando.
-
Yo quería despedirme de ella, sabes que era tan madre mía como tuya - le dije.
-
Y tanto que lo se hijo y tanto que lo se.
---------------------------------------------------------------------------------
-
Cuéntame hija ¿te lo has pasado bien?
-
¿Que si me lo he pasado bien? ¿tú qué crees?
-
Hombre yo creo que si, viaje fin de curso, con tus amigos, doce años y ya te
vas sola, me imagino que te lo habrás pasado muy bien. Siéntate aquí en este
banco, descansemos un rato antes de llegar a casa.
-
Pero tengo ganas de ver a mamá y contarle todo. Estoy muy nerviosa papá y muy
feliz. Llevo cuatro días sin verla. A ti también tenía ganas de verte, que
después te pones celoso. Y al kiko, ¿Cómo está mi perrito? ¿Sigue malito? Qué
bien me lo he pasado papi, he dormido en
la cabaña con Alba, con Julia, con María y con Sandra y el primer día nos
acostamos a las tres de la mañana – me dijo mientras se sentaba y soltaba la
mochila en el banco.
-
Anda que bien ¿qué estabais haciendo hasta esa hora?
-
Pues charlar de nuestras cosas, jugar, comer chucherías. A Sandra le gustaba un
niño de otra clase, que se llama como tú, Francisco y se ha llevado todo el
viaje dando la vara. Hemos hecho un juego chulísimo papá, y nos hemos tirado
por un puente , y con unas canoas que me puse chorreando- mi hija no paraba de
hablar emocionada y se atropellaban las palabras al salir de su boca -Y una
noche papá nos quedamos despiertas para contar historias de miedo y ¿sabes qué
le pasó a María? Que se meó papá, se meó encima y tuvimos que llamar a los
monitores y después…
-
Hija para, tranquila, deja algunas cosas para cuando esté mamá, que si no vas a
tener que repetirlo todo dos veces. Te quería contar una cosa antes de llegar a
casa, por eso nos hemos sentado aquí – tragué saliva y se me hizo un nudo en la
garganta que me hizo muy complicado continuar. Recuerdas que cuando te fuiste
el kiko estaba regular...
-
Papá...
-
Le costaba levantarse y comía poco.
-
Papá no..
-
Hemos tenido que llevarlo a
-
Papá no..
-
El kiko ya no está cariño, lo hemos tenido que dormir.
-
Papáaa – mi hija comenzó a llorar sin consuelo - ¿Porqué no me lo has dicho
antes? ¿No ves como estoy? Yo aquí contándote lo bien que me lo he pasado en el
viaje fin de curso y fíjate...
-
Lo siento hija, no queríamos chafarte el viaje. No llores más ven aquí.
-
Quería despedirme de él- me dijo hipando. No es justo papá.
-
Y tanto que no hija, y tanto que no.
----------------------------------------------------------------------------------
-
Sole ¿Vas bien? Que veo que arrastras mucho la pierna ¿Quieres que nos sentemos
un rato?
-
Voy bien, éste baculito que me ha traído tu hija no me hace mucha gracia. Entre
eso y que hoy me duele mucha la pierna, pues ya sabes. Cuando no es la gota, es
la artrosis y cuando no…
-
El número del carnet chiqui – le contesté saleroso a mi mujer.
-
Uy Francisco ¿Cuánto tiempo hace que no me decías eso? Lo menos treinta años.
-
¿Qué te he dicho?
-Me
has dicho chiqui. Algo querrás – me dijo socarrona.
-Querer
quiero – le dije muy serio - Pero hace tiempo que no hay manera.
-
Con lo que tú has sido – me respondió -
Anda vamos a sentarnos en este banco, que sé que te gusta mucho. Este
era dónde se declararon tus padres ¿verdad?
-
Siéntate con cuidado y deja aquí el bastón. Sí, era este ¿Cómo te acuerdas?
Vaya memoria que tienes.
-
Cómo para que se me olvide, si no te lo has quitado de la boca durante años.
-
Es que mi padre me lo contaba muchas veces, ya sabes cómo era.
-
Han pasado más de setenta años Francisco y aquí sigue el banco, viendo pasar la
vida.
-
Y nosotros Sole, nosotros también seguimos. Mayores, con achaques y algunos
males pero aquí seguimos en pie.
-
Bueno en pie tampoco – me dijo guasona.
-
Hemos tenido una hija, tres nietos y una vida llena de alegrías y algunas penas
-
Y dos perros Francisco. No te olvides de ellos.
-
Cómo me voy a olvidar mujer, con lo que yo los he querido.
-
Qué viejos somos y cuánto llevamos ya vivido. Nos ha pasado de todo – me dijo
mi mujer con melancolía.
-
Pero sigue valiendo la pena pasarlo contigo. Esto dura lo que dura y hay que
aprovechar.
-
Y tanto que sí chiqui y tanto que sí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario