viernes, 2 de febrero de 2024

 PROPUESTA SEMANA 1

Legado

Lola Beltrán Pérez

 

 

Mi abuela no me quiso nunca. Era viuda, joven y, una de las personas más listas que he conocido en mi vida, sin dejar atrás el poco afecto y cariño que mostro siempre hacia mí, su único nieto.

 Al día de hoy, sentado en este despacho enorme, donde presido esta empresa y mirando a través de la ventana, recuerdo sus comentarios lapidarios: “GASTA SIEMPRE UNA MONEDA MENOS DE LO QUE GANAS o DEJA DE MIRAR PAREDES, MIRA POR LA VENTANA.”

 Por desgracia ya no vive, murió el mismo día que cumplí los diecisiete años. Tenía seis hijos, todos varones, religiosos y, con virtudes muy validas, trabajadores, honestos, prudentes y alguna que otra más.

Pero a todos les faltó la virtud de rigor, la perseverancia, para ser algo más en la vida, deseo prioritario de mi abuela para ellos.

 De los seis, solo uno se casó, mi padre, y  puedo decir que de todos los hermanos era el más paciente, pero con el tiempo pude comprobar que era más sereno que otra cosa, vivía en su propio mundo, es el típico hombre que no hace aprecio de lo que le aconsejan, es conformista y sobre todo hogareño. Entre hermanos, solo existía una norma,  no entrometerse en  sus asuntos. Lo único que les unía era la tierra y el ganado.

Yo era invisible a los ojos de mi abuela, no así de sus palabras. Cuando sufría un nivel alto de frustración provocado por la poca iniciativa y estimulación de cada uno de sus hijos, siempre me buscaba con la mirada dominante, señalándome con el aliento y escupía su enfado, “aprende de todo cuanto te ofrezca la vida, por muy insignificante que sea, siempre hay una lección que te fortalece, es la única manera de ser alguien en esta vida”.

Mi abuela me veía como un niño adulto. Era su punto de tiro. Un día me llego a decir “eres igualito a tu padre, tendrás los mismos defectos y no llegaras a ser nadie”. A veces me preguntaba porque percibía en mí la ausencia de alguna virtud esperada.  En cualquier caso,  nunca me hizo daño con su actitud, llevaba razón,  mi padre sin embargo sí, no me defendió ni una sola vez, tan solo sonreía y  balbuceando no se qué cosa, metía la mano en el bolsillo del pantalón, cogía un trocito de miga de pan y me la tiraba, quitando hierro al asunto y  reíamos hasta doler el estomago. Esto la enfurecía aún más y de un salto que nadie se explicaba debido a sus constantes quejas de dolor de rodillas, partía para su casa, dejando a todos atónitos, pero con unas ganas locas de seguir el  concierto de risas, por todos y cada uno de los que compartíamos mesa. Ella nunca contempló, lo mucho que la admiraba, tenía la mejor virtud, personalidad,  y de ello aprendí a prevalecer. La escuchaba con mucha atención y disimulo, todo lo que aconsejaba a sus hijos en diferentes situaciones cayendo en saco roto,  para mí, fue la mejor enseñanza que recibí en mi corta vida.  Siempre estaré agradecido por su legado.

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

PROPUESTA 5  Incorregible  Jesús Ruiz Aún no sé por qué escribo esto, quizás sea por el vicio que tengo de la escritura, que pronto acabará....