PROPUESTA SEMANA 1
La suerte está echada
Recuerdo
que ya desde muy pequeño me sentía alguien especial. Fui el primero de mi
curso, yo diría que de mi pueblo, que se puso gomina en el pelo y
transformé la raya al lado en un flequillo levemente volcado a la izquierda que
disimulaba mal que bien mi defectuosa oreja. Cleo y Marco, mis dos mejores
amigos, ya sabían de mis intenciones, así que al menos ellos no clavaron sus
miradas socarronas sobre mí, cosa que sí hicieron en el colegio y en la calle.
Ambos me animaban a que me mostrara como yo quisiera, no a que fuera a clase con la toga púrpura con la que gustaba
pasear por casa, pero sí a que me mostrara tal y como me diera la gana. Sobre
todo Marco, que siempre ha estado muy encima mía. Los tres nos hicimos amigos
al entrar en la miga, como se decía antes y estuvimos juntos hasta que
terminamos el instituto. Entre nosotros se fue forjando algo, yo no hablaría
solo de amistad ya que existían otros intereses. Llegado el momento, me sentí
casi en la obligación de mirar a Cleo de una forma distinta. Cierto es que
estaba dotada de una belleza extraordinaria. Ella estaba en boca de todos, y no
solo en la boca estoy seguro. Nuestros amigos habían tenido ya alguna relación,
algún acercamiento sexual, habían rozado al menos una teta o palpado siquiera
una verga flácida. Nosotros no, ninguno
había tenido un acercamiento amoroso, ni carnal. Así fue como Cleo y
yo empezamos a mirarnos de otra forma. Uno por convicción y el otro por
obligación. Fui el elegido. Marco me advertía. No te metas en esas cosas que no
te conviene. Pero cómo que no me conviene, si creo que me gusta. No te gusta,
lo haces por el qué dirán, hazme caso, no te metas por ahí, busca otro portal
que pueda darte acceso a esa bacanal erótica que necesita tu cuerpo.
Marco,¿estás bien? Un sábado por la noche salimos los tres al teatro,
tendríamos trece o catorce años, al terminar la sesión Cleo dijo que tenía
sueño, qué casualidad y que se iba a casa. Marco insistió en que nos quedáramos
los dos a tomar algo, que tenía ganas de estsr conmigo,pero yo, claro
está, también tenía sueño. Cuando llegué a la esquina de mi calle, esperé a que
Marco se alejara para correr y buscar a Cleo, que me esperaba en su portal
envuelta en un fular que parecía una alfombra. Nos escondimos detrás de unos
árboles , donde terminaba un parque que había a las afueras del pueblo y
comenzamos a mirarnos y a buscarnos con las manos. Yo palpaba, ella buscaba, yo
descubría y ella no encontraba. No te metas por ahí , me decía la voz de Marco.
Era la primera vez que tocaba a una chica. Aquella noche no pasó nada o casi
nada. Sin embargo los dos nos quedamos
con ganas de seguir adelante, de dar un paso más, de seguir
descubriéndonos, teníamos ganas de
explorar y colonizar el cuerpo del otro, queríamos follar. Ella no se lo contó
a nadie, pero yo se lo conté a Marco, y éste no se lo tomó bien, estaba como
decepcionado conmigo. Te dije que no te lanzaras, ella no te conviene. Pero por
qué Marco, porque solo te quiere para lo que te quiere. Pero cómo puedes hablar
así de ella, es tu amiga. Tu también eres mi amigo. La cosa fue que Cleo y yo
lo volvimos a intentar, pero esta vez llegamos hasta el final y la cosa salió
bien, bueno salió. Fue en verano, una tarde que nos quedamos solos en casa. Mis
padres habían salido. Ella se lanzó inmediatamente hacia mí con unas
ganas tremendas, me desnudó en un momento mientras que yo no hacía más que
acordarme de Marco, por ahí no, no te metas en eso. Su voz no me dejaba, su cara se me aparecía. Cleo
seguía a lo suyo y yo a lo mio. La cosa fue que entre los dos o más bien entre
los tres conseguimos sacar aquello adelante. Ella, me dio la sensación que
encontró lo que buscaba y yo también.
Ese
día supuso un antes y después en nuestra relación. Me olvidé de Cleo y
comencé
a mirar a Marco de otro modo, desde delante y desde detrás, por tener otra
perspectiva claro, comencé a escucharlo, hacerle caso, a seguir sus consejos, y
a no meterme sino por dónde él quería. Así llevamos más de treinta años, entre
risas y sábanas.
Esta
noche viene Cleo a casa, hace más de veinte años que no la vemos. Marco ha
insistido en invitarla a nuestra cama. Quizás consigamos cerrar el circulo de
las habladurías y pasar a la posteridad como una verdadera historia de amor.
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